viernes, 5 de septiembre de 2008

Cédula Atípica A- 17-21-17


Microrrelato Thriller/fantástico


Teresa estaba sentada, como todos los jueves, en la barra bebiendo lentamente de su copa de tinto. En aquel pequeño bar se sentía entre amigos, segura. No importaba si llegaba con medias de colores, o si se olvidaba de un zapato. Nadie lo notaba o por lo menos nadie le daba importancia. Sin embargo, aquel día llegó un extraño...Vestía camisa de colores, pantalones holgados, saco de corduroy roído y unas enormes gafas de marco negro. Se sentó en la barra junto a ella. En ese mismo instante Teresa sintió como su cuerpo se contraía. Todos sabían que le gustaba guardar la distancia y él estaba invadiendo su espacio. Tomó nerviosamente otro sorbo del tinto y empezó a jugar con el anillo en su mano. La vista fija en la barra, espalda recta y sonrisa fija. Una clara señal de la incomodidad que empezaba a sentir. Sus rodillas chocaban sutilmente entre sí mientras escuchaba al ciudadano A-1-14-9-2-1-12, así se presentó. Aunque ahora dudo que sea ese su verdadero nombre.

De cuando en cuando miraba a su alrededor, quería ver cómo se comportaban el resto de personas en el bar e imitarlos. Ella quería sentirse cómoda lucir como alguien "normal". Hombres y mujeres se veían cómodos así que ella trató de relajarse. Apenas eran las 9 y ella ya había bebido más de la mitad de su copa. Al cantinero le parecía raro pero Teresa lucía tranquila así que decidió mantener su distancia.


El ciudadano tenía el rostro rojo purpúreo, una gota densa de sudor grasiento resbalaba y salibaba de cuando en cuando. Teresa trataba de no verlo e ignorar sus palabras. ¿Qué edad tienes? ¿Te gustan los hombres o las mujeres? En ciertas ocasiones arrastraba la s final en las palabras o acentuaba una sílaba que no llevaba acento. Aquel tono de voz chocaba en sus oídos. Pero era incapaz de cerrarlos, apesar suyo seguía escuchándolo. Quiero conocer más de , dime qué te gusta, anda cuéntame. No quieres ir a mi auto, te gusta hacer el amor, te gusto, dime algo bonito, díme. Mientras decía esto el ciudadano movía con la mano izquierda un whiskey y con la otra manoseaba el interior de su entre pierna. Del otro lado alguien más se había sentado. Teresa se sentía entre dos muros que la aprisionaban y ella no podía moverse. El ciudadano entonces tocó su mano. Ella la retiró. No seas tímida, estaba viendo tu mano. Sabes yo dibujo. No te gustaría que te dibujara desnuda. Si tu me dices algo lindo yo te dibujo.


El ciudadano era un artista de renombre, así se lo hizo saber; antes que sonara su celular. Es mi suegra dijo, se levantó y caminó hacia la esquina. Teresa tomó lo que restaba de su copa y escribió en una servilleta de papel SOS. Esperaba que el cantinero lo viera. Ella seguía sin poder moverse, ni siquiera podía hablar. Lo único que alcanzó a escribir fue aquella nota de auxilio. Él estaba a punto de volver. Ella sentía como las venas de su sien palpitaban, era una clara señal que su límite estaba a punto de ser superado. Respiró tratando de evitar convertirse en la Teresa que no mostraba a nadie y permanecía oculta tras la apariencia impertubable. De pronto el ciudadano se acercó para atrás y le dijo me gustan calladitas, luego son las que más gritan.


Sintió como la ira incrementaba su fuerza, el cantinero trató de detenerla pero fue muy tarde. Teresa tomó de la parte de abajo del bar una bella pistola aún sin usar y disparó. El ciudadano salió en una bolsa negra etiquetada. La mente de Teresa volvió al pequeño bar, sus rodillas seguían chocando entre sí y el hombre de camisa vistosa y saco de corduroy roído se había quedado dormido en la barra.


Teresa alisó su falda, pagó su copa de vino y se marchó a casa antes que el encanto de la noche se acabara. Quería llegar a casa y pulir la hoja de su katana mientras comía de un tarro de helado de chocolate amargo.



4 comentarios:

Duff Man dijo...

¡Gracias por mi patito (sin albur), Lorena! Sigue afilando la katana (también sin albur) y clava los dientes si puedes.

Nicté dijo...

increíble como te afectó conocer a Anibal, no es tan mala persona...

Chicaborges dijo...

Duffman, vendría siendo algo así como tu "amuleto". Bien afilados katana y dientes.

Nicté, En efecto no es mala persona y además, es un gran artista que inspira con su famoso A-1 un ciudadano en un relato de ficción. Curiosamente mi Gran Danés, Anibal (negro y canillón) murió antes de ayer y como en otros tantos casos conmemoro una pérdida con una historia. ¿Tú lo viste a él allí?

Moniquita dijo...

Puchis vos... Qué lujo de cuento! Y más cuando -según asumo por tu comentario- es basado en hechos reales!!!

Mi sentido pésame por Anibal! Nunca supe que tenías un GD... Mi raza preferida!!! :o)

Un abrazo,
M