
La pasión que alimenta mi pecho es sincera y es tan ardiente que ¡vano de mí! He creído que como mis intenciones son rectas y honradas, y no pueden ofender su exquisita delicadeza, Ud. se dignará a mirarme amablemente y hasta amorosamente algunas veces; ¿me habré equivocado? Es su sonrisa tan dulce que creo adivinar tras ella, un corazón lleno de ternura e incapaz de negarse a animar el cariño que tan honrada como ardientemente le ofrezco yo.
Leopoldo.


