lunes, 28 de abril de 2008

Sobre una visión distorsionada del mundo, luto y grasa corporal


Generalmente no le tengo apego a las cosas materiales. Las cosas vienen y van. Pero hoy se murieron mis lentes y eso es si me dolió. Me gustaban tanto mis marcos que compré los tres pares que habían en la óptica y esos he usado desde que me dieron la noticia que vería a partir de esa fecha el mundo distorsionado. Lo cual no puedo negar ha tenido sus ventajas.


Hay de gafas a gafas. Las mías eran perfectas ni redondas, ni ovaladas, ni cuadradas eran eclécticas. De un negro discreto, ni muy gruesas ni muy delgadas, ligeras, distinguidas. No sé si seré capaz de reemplazarlas, si encontraré un estilo a mi medida o tendré que probar puyarme los ojos con lentes de contacto,resignarme a ver el mundo distorsionado y/o convertirme en un conductor aún más peligroso.


Tengo por allí una historia a medias, sobre gafas. El relato describe como al nacer a cada quien le colocan un par de gafas: rosa, azules, negras, amarillas, en fin. Y esto de cierta forma condiciona a quien las lleva a ver el mundo de cierta forma. Lo que me provoca preguntarme ¿de qué color eran las mías?


Estoy de duelo por mis lentes y conmemorando que hace 19 años murió mi abuelo: Emilio Moscoso. Mi abuelo se fumaba entre 6 y 8 puros diarios. Los deshacía en bellas pipas que hijos y nietos le regalábamos año con año. Comió cerdo en paleta, tomó whisky en paleta (tragos de artillero dos dedos verticales), "puteo" en paleta y durmió sus 8 horas diarias. Mi abuela decía que de seguro tenía origenes afrocaribeños y yo lo culpaba por tener piernas gordas. Ahora se las agradezco.


Mi abuelo era un ser humano generoso a morir, desprendido, llevadero y "cabal". Murió a la edad de 95 años entero antes que la demencia senil se apoderarara de él. Fue uno de los hombres más felices que yo haya conocido. Sin lamentos y sin culpas. Aún extraño sus abrazos y el maravilloso olor a tabaco.



Como les digo él era gordo, unas 300 lbs posiblemente. A mi abuela no le gustaban los gorditos y le cultivo su fobia a sus hijos que de alguna forma se lo transmitieron a sus hijos. Y yo no fui inmune. Desde pequeña me obsesionaba la gordura. Nací chiquitita (5lbs) y mi mamá se esforzó por engordarme así que de 1 a 5 años fui una cachetona. A partir de los 6 me obsesioné con no serlo. Aclaro nunca he tenido desordenes alimenticios, soy una adicta a los azúcares refinados pero si me da pavor las libras de más. Hace unos meses mi jefa me dio un artículo sobre los gordos por dentro. Resulta que yo soy una gorda por dentro. La sola idea me aterró así que he decidido convertirme en un adulto saludable y activo. ¡No más churros!



5 comentarios:

Julio Serrano dijo...

Uy dios, 5 libras, desde bebé sos... ehh.. mmm... como te digo.. mmmm.. pocket, como pikachú, pero no tan eléctrica.

Muy mala idea alejar los churros de tu vida, malísima, pero ni modo, la moral y urbanidad :(

abrazote lorenita

Juan Pablo Dardón dijo...

Buen relato, me recordaste a mi abuelo, saludos!

Lissy dijo...

no mas churros? esque hay que consumir pero de los churros que dan risa, no grasa.

Moniquita dijo...

QUE VIVAN LOS CHURROS!!! ¿Cómo que no más churros?... En todo caso, más ejercicio, pero nunca no más maravillosos churros y chocolates y donas y pasteles y helados y postres y azúcar!!! jajaja

Por cierto, al fin alguien que entienda lo que siento cuando tengo que cambiar anteojos!!! jajaja

Chicaborges dijo...

Si los churros sin ejercicio son cosas del demonio a menos que sean a los que se refieren Lissy pero esos también dan hambre.

JP mi abuelo era un señorón de película me imagino que el tuyo también.

Moniquita yo y el ejercicio somos como agua y aceite. Te rercordás en el colegio quien pasaba la lista en deporte? Jaja.